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Me voy a aventurar a tocar un tema muy complejo, actual y necesario: cómo la planificación urbana influye en las experiencias y percepciones de las personas en función de su género. La relación entre urbanismo y género es un campo de estudio que examina cómo el diseño, la planificación y la gestión de los entornos urbanos pueden afectar de manera diferencial a los roles de género que existen en nuestra sociedad.

Impacto del espacio público y género

 

Las estructuras físicas en las que vivimos, especialmente en el espacio público, responden a una gran carga cultural y perpetúan desigualdades sociales. Este hecho lo podemos entender con un ejemplo claro: a través de las desigualdades socioeconómicas del diseño urbanístico. Las áreas urbanas de bajos ingresos a menudo se caracterizan por una planificación deficiente, un diseño urbano irregular y unas tipologías edificatorias con peores materiales y características constructivas. Además, son zonas que suelen tener mayor contaminación acústica y atmosférica, menores servicios públicos y zonas verdes, En cambio, las zonas más favorecidas de las ciudades suelen tener una disposición más organizada, mejores servicios y zonas exteriores más verdes y amables. En las últimas décadas se está intentado revertir esta situación, implementando estrategias urbanísticas que mejoran la equidad urbana.

Este ejemplo visibiliza que, por más que socialmente ahora mismo se censuren estas diferencias, siguen existiendo por más que se intenten revertir. Este hecho pone de manifiesto la gran carga cultural que atesora la arquitectura como definidora de los espacios de vida y la mentalidad de una sociedad. Los elementos arquitectónicos, se convierten en instrumentos dinámicos capaces de impulsar la inclusión a través de una la equidad social y cultural.

La visión de género en la arquitectura no va de hombres o mujeres, sino de roles. De la atención a los cuidados y a los colectivos vulnerables que, hasta hace poco, han estado principalmente atendidos por mujeres.

Dignificación de los cuidados en las ciudades

En la actualidad, nuestras ciudades se caracterizan por una planificación urbana que prioriza la eficiencia y la rápida movilidad, a menudo dejando de lado las necesidades de las personas. Estas ciudades tienen calles diseñadas para agilizar un tráfico rápido y fluido, que principalmente satisface las demandas de la parte activa de la sociedad.

Históricamente, esta parte productiva de la sociedad ha sido predominantemente masculina, mientras que las mujeres han asumido roles de cuidado de niños, ancianos y enfermos. Sin embargo, el diseño urbano no ha reflejado adecuadamente esta realidad, ya que los espacios públicos y privados rara vez tienen en cuenta las necesidades de cuidado y las responsabilidades que recaen sobre las mujeres. Esto se traduce en la falta de áreas seguras y acogedoras para realizar tareas de cuidado, lo que perpetúa una división desigual del espacio urbano y excluye las necesidades de quienes desempeñan roles de cuidado y atención hacia las personas, especialmente los colectivos vulnerables.

A este punto de vista se le suma el hecho de que muchas ciudades han sido planificadas y diseñadas principalmente por hombres, visibilizando su propio rol social e invisibilizando, quizás por desconocimiento, unos espacios públicos más inclusivos o seguros para todas las personas.

En respuesta a estas preocupaciones, cada vez hay un interés más creciente en que los diseños urbanos integren cuestiones de género. Esto implica considerar las necesidades y experiencias de diferentes colectivos en todas las etapas del proceso de diseño y planificación urbana, ya que realmente el espacio público tiene la capacidad de materializar y visibilizar cambios que van permeando en la conducta de la sociedad. Os adjunto algunos de los aspectos a incluir en el diseño de espacio público para que tenga una mirada integradora de género.

Estrategias de diseño urbano que integra criterios de género

  • Seguridad: la planificación de calles, plazas, parques… puede influir en cómo las personas se sienten seguras y cómodas. El diseño de unos recorridos que generan tramos con poca visibilidad por su configuración o por deficiencias en la iluminación produce inseguridad, aislamiento o vulnerabilidad a determinados colectivos. Los recorridos deben ser abiertos y amplios, que no dificulten el paso. Debe haber señales de tráfico para evitar accidentes relacionados con la movilidad. Las zonas donde no hay actividad, son solitarias o se concentran actividades delictivas deben estar bien iluminadas y permitir ángulos de visión abiertos. Respecto la iluminación, es importante combinarla con una preservación de la biodiversidad, así que esa iluminación debe enfocar hacia abajo, generando la mínima contaminación lumínica.

  • Cuidados: una ciudad inclusiva presta atención a los cuidados de las personas. El diseño urbano debe situar periódicamente zonas de descanso o servicios públicos donde los colectivos de personas que necesitan atención puedan ser atendidas.
  • Accesibilidad: muchas ciudades o tramos de ciudad no son accesibles para personas con movilidad reducida, como sillas de ruedas o carritos de bebé. No se trata sólo de hacer rampas en aceras, sino de que los recorridos sean accesibles a nivel de pendientes, anchura, materialidad…
  • Espacios verdes y recreativos a nivel de barrio: promoción de parques, jardines y áreas recreativas que promueven la actividad física, el juego y la relajación, en todas las áreas de la ciudad, de manera que todos los ciudadanos puedan acceder a estos espacios de manera accesible e inclusiva.
  • Espacios comunitarios: una ciudad centrada en los cuidados de las personas implica una planificación urbana que prioriza el espacio para actividades sociales y recreativas, también en todos los barrios, de manera que se ofrece equidad a toda la ciudadanía. La sensación de recibir apoyo cercano fomenta bienestar, especialmente a aquellos colectivos vulnerables. Conviene diseñar espacios públicos que fomentan un acceso equitativo a servicios y espacios públicos.

  • Acceso equitativo a servicios: Los servicios básicos como centros de salud, escuelas, guarderías y centros comunitarios se deben distribuir con equidad, asegurando que todas las personas tengan acceso fácil a ellos.
  • Movilidad: diseño de un sistema de movilidad activa (a pie, bicicleta) o transporte público accesible y confiable que conecta todas las partes de la ciudad, permitiendo que las personas se desplacen fácilmente sin depender del automóvil.
  • Procesos participativos: un proceso de diseño urbano que incluye una consulta comunitaria puede aportar una respuesta más diversa a las necesidades de distintos colectivos, géneros y antecedentes.

Todos estos aspectos también se pueden trasladar al diseño de las viviendas y espacios de trabajo, pero eso ya lo comentaremos otro día!

Quiero recordar que el urbanismo de género no habla de hombres o mujeres, sino de roles de nuestra sociedad que no han estado atendidos por el espacio público, que han sucedido en los márgenes, sostenidos por las labores de las mujeres. Todas las personas necesitamos cuidados: todos hemos sido bebés, hemos estado enfermos y seremos ancianos, pudiendo necesitar atención. Cuando necesitamos cuidados o los ofrecemos, es cuando nos damos cuenta de las necesidades no resueltas en nuestro espacio público.

Seguridad, biodiversidad, accesibilidad, iluminación, comunidad… son estrategias necesarias para que las ciudades sean espacios de cuidados, evitando desigualdades y promoviendo inclusión y equidad para todas las personas.  

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