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La sostenibilidad no es suficiente

El concepto de sostenibilidad, aunque vital, ha sido progresivamente banalizado por su uso superficial en políticas y prácticas que no abordan el problema de raíz. A menudo, se reduce a estrategias de «menor daño» o marketing verde, sin transformar los sistemas que perpetúan la crisis ambiental. En el sector de la construcción ha aterrizado básicamente desde los indicadores de emisiones de CO2 y de consumo energético. Esta mirada tan unilateral ha hecho que los edificios se vean exclusivamente como consumidores de energía, sin entender el resto de impactos medioambientales y sociales que provocan. Ahora mismo, la sostenibilidad en la construcción es la reducción de la demanda a cualquier precio.

Pero… ¿Un edificio es sostenible sólo por conseguir consumir poca energía en su vida útil? Al parecer, no importa si está envuelto en plástico, si no integra un diseño bioclimático, si no trabaja con la física de los materiales de construcción…

Trascendiendo la sostenibilidad a través de la Descarbonización

Esta ineficacia al aplicar la sostenibilidad es tan evidente que desde hace un tiempo surgen nuevos retos a integrar a la ecuación. La Descarbonización abarca todos los esfuerzos que se están realizando para reducir las emisiones de carbono resultantes de los procesos involucrados en la construcción y el mantenimiento de las estructuras en el entorno construido. Cuenta, entre otras estrategias, con los siguientes indicadores:

  • GWP (Global Warming Potential), o potencial de calentamiento global: es una medida que compara el impacto de diferentes gases de efecto invernadero en el calentamiento de la atmósfera terrestre. Se expresa en relación al dióxido de carbono (CO2), que se utiliza como referencia con un valor de PCG igual a 1. Otros gases, como el metano (CH4) o los gases fluorados, tienen valores de PCG más altos, lo que significa que, por unidad, atrapan más calor que el CO2 a lo largo de un período de tiempo determinado. Esta métrica ayuda a evaluar y gestionar los efectos de las emisiones de diferentes gases en el cambio climático.

  • Circularidad: enfoque que busca minimizar el desperdicio y maximizar el uso eficiente de recursos a lo largo del ciclo de vida de un edificio. Esto implica diseñar y construir de manera que los materiales puedan reutilizarse, reciclarse o reintegrarse al proceso de construcción una vez que el edificio llega al final de su vida útil. En lugar de seguir un modelo lineal de «extraer, usar y desechar», la circularidad fomenta el uso de materiales sostenibles, la reducción de residuos, y la prolongación de la vida útil de los edificios mediante el mantenimiento, la reutilización y la renovación.

  • Declaración Ambiental de Producto (EPD en inglés): documento verificado y transparente que proporciona información sobre el impacto ambiental de un material o producto a lo largo de su ciclo de vida, evaluando factores como el uso de recursos, las emisiones de gases de efecto invernadero, el consumo energético, la generación de residuos y otros impactos medioambientales, desde la extracción de materias primas hasta su disposición final. Este análisis sigue normas internacionales ISO y se basa en la metodología de Análisis de Ciclo de Vida (ACV), lo que permite tomar decisiones informadas sobre la sostenibilidad de los materiales que utilizan en sus proyectos de construcción.

Estas estrategias son muy necesarias, pero siguen basando la sostenibilidad en unos indicadores muy limitados. Considero que debemos integrar una visión regenerativa, que no solo mantenga los recursos, sino que repare y revitalice ecosistemas y comunidades. Esto implica abordar la justicia social, el equilibrio económico y la restauración del entorno natural, creando un modelo verdaderamente equitativo y resiliente, que vaya más allá de la mera conservación.  En arquitectura, trascender la sostenibilidad implica integrar no solo criterios ambientales, sino también la humanización del espacio y el enfoque en la salud de sus ocupantes. Y también implica modelos económicos que transitan hacia el decrecimiento (o beyond growth), facilitando economías no basadas en un crecimiento exponencial, sino integrando la regeneración y circularidad.

La bioconstrucción lo integra todo

El diseño arquitectónico, más allá del uso eficiente de recursos y materiales, debe priorizar el bienestar físico y emocional de las personas a través con los mínimos recursos materiales y energéticos. Esto se consigue a través de las claves que brinda la bioconstrucción:

  • La visibilización de estrategias bioclimáticas de cada territorio que a la vez dan valor al patrimonio cultural. Esta mirada facilita el uso de materiales de extracción y producción local y capacita a las personas a través de los oficios
  • La promoción de materiales de construcción naturalmente descarbonizados, basados en los sistemas de tierra, madera, morteros y fibras naturales
  • La integración del impacto hídrico y de la contaminación química. Esta es especialmente importante a la hora de analizar el ciclo de vida de los materiales de construcción, y no necesariamente es paralela al GWP. Cada vez existen más impulsos europeos que llaman a reducir el uso de plásticos, retardantes de llama… ¿Cómo vamos a integrar estos llamamientos en el sector?
  • La compresión de nuestras necesidades biológicas, fisiológicas y cognitivas para que estén recogidas en el diseño: Entornos que fomenten la conexión con la naturaleza, la luz natural (y también la artificial), una óptima calidad del aire y calidad ambiental, confort higrotérmico… Además, es esencial considerar la salud mental a través de espacios que promuevan la tranquilidad, la interacción social y la ergonomía.
  • El empoderamiento de la sociedad. Quien realmente hace que un edificio sea sostenible son las personas que lo usan a través de sus hábitos. Este reto, por más que transformemos el sector, no lo conseguiremos sin una ciudadanía concienciada y conocedora de cómo gestionar su vivienda o cómo cuidar de su espacio de trabajo para un beneficio global
  • Una arquitectura regenerativa, creando edificios que no solo sean eficientes, sino que también restauren el entorno y mejoren la calidad de vida.
Podría enumerar más estrategias, pero ya podemos ver que la sostenibilidad se debe trabajar desde muchos otros ámbitos, teniendo en cuenta todos los impactos y trabajando de manera multidisciplinar e intersectorial. Yo me sumo a esta mirada, que es viable, posible y existe. Si quieres que tus proyectos también lo sean, contáctame!

 

 

 

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