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La neuroarquitectura es un campo que explora la relación multidisciplinar entre la percepción del entorno (natural o construido) y la respuesta cognitiva del cerebro humano. Su objetivo es entender cómo los estímulos del entorno provocan efectos en nuestro cerebro. Los resultados de esa investigación se pueden introducir en el diseño arquitectónico para crear entornos construidos que mejoren la cognición, el estado de ánimo, el bienestar y la salud de las personas que interactúan con esos espacios. Este enfoque implica la integración de conocimientos de arquitectura, urbanismo, psicología, neurociencias y otras disciplinas.

 

¿Introducir las neurociencias en el diseño arquitectónico significa hacer arquitectura saludable?

Mi visión personal es que el mundo de las neurociencias aplicadas a la arquitectura son un campo de conocimiento super interesante, y es fantástico que existan centros de investigación que profundicen en este aspecto de manera específica. Pero para mi, en el contexto global de la bioarquitectura, la neuroarquitectura es un ingrediente más a integrar en el diseño arquitectónico.

La bioconstrucción analiza y define cómo impacta el diseño del entorno sobre la salud de las personas a diversos niveles: no sólo a nivel cognitivo, sino también físico (higrotermia, iluminación, radioactividad, ultravioleta, infrarrojo, altas y bajas frecuencias…), químico (fibras, partículas, compuestos orgánicos volátiles y persistentes, gases de combustión…) y biológico (virus, levaduras, alérgenos…).

Evidentemente se deben conocer todos esos impactos de manera sesgada, para después poder tomar decisiones de diseño globales. De la misma manera que un cocinero no utiliza todos los ingredientes en cada plato, en los proyectos arquitectónicos que trabajan con indicadores de salud suele haber una diagnosis que determina cuáles son las variables más necesarias a aplicar en cada caso.

Resulta clave, por lo tanto, tener una visión integral y holística de todos esos impactos para trabajarlos de manera coherente. Si sólo trabajamos con alguno de estos criterios, nos quedamos con una sectorización de las variables de salud.

Así que defiendo las especializaciones que profundizan en campos de conocimiento determinados, como puede ser el Laboratorio de Neuroarquitectura de la Universidad de Valencia, pero creo debe haber otra capa que integre los resultados de esas investigaciones para garantizar que se implementen de manera transversal y coherente, evitando aproximaciones parciales y sesgadas de la salud.

El método científico

Las neurociencias aplicadas a la arquitectura siguen una metodología científica. Generalmente los estudios suelen estudiar una evidencia o incluir una fase experimental para toma de datos. El método científico utiliza los siguientes pasos:

  • Revisión de antecedentes en la literatura científica para conocer si hay precedentes
  • Establecimiento de hipótesis y objetivos, que definan qué se quiere conseguir
  • Definir la metodología adecuada: considerar las variables, los escenarios necesarios, cómo se tomarán los datos, evaluar el protocolo de medición…
  • Fase de experimentación que siga correctamente el protocolo propuesto para conseguir resultados fiables
  • Análisis de la información obtenida
  • Conclusiones: resultados del proceso para ser publicados y ser aceptados por la comunidad científica

La metodología es clave a la hora de llevar a cabo la toma de datos que serán evaluados. En el caso de las neurociencias aplicadas a la arquitectura, principalmente se procede con dos metodologías:

  • Subjetiva: con cuestionarios que recogen la experiencia del usuario, obteniendo resultados más relativos
  • Objetiva: mediante la medición de variables fisiológicas, como por ejemplo analíticas o a través de un electroencefalograma (EEG: estudio que mide la actividad eléctrica en el cerebro mediante pequeños electrodos colocados sobre el cuero cabelludo). Este procedimiento puede obtener datos más veraces y concluyentes, ya que no dependen de valoraciones individuales. Pero evidentemente, estos procesos de investigación suelen necesitar más recursos.

Sobre estos procesos, se debe tener en cuenta la dificultad de obtener datos y la extrapolación de los resultados. Por un lado, los experimentos deben realizarse sobre muestras representativas, y en muchas ocasiones se acaban realizando sobre un número limitado de sujetos, por cuestiones presupuestarias o de proceso.

La metodología también puede tener su arbitrariedad. La metodología objetiva es más compleja de analizar, y en el caso de la subjetiva (cuestionarios), puede haber covariables que hagan variar la percepción del sujeto, siendo más difícil sacar conclusiones rotundas.

Fase de experimentación en laboratorio, ¿refleja la realidad?

La fase de experimentación objetiva en la que se miden diversas variables analíticas o mediante EEG, puede realizarse en un entorno real o visualizando una simulación tridimensional. Resulta más sencillo controlar y modificar las variables a analizar en un espacio virtual, por eso en muchas ocasiones la fase de experimentación se realiza a través de la visualización de gafas 3D, combinándola con otras estimulaciones sensoriales llevadas a cabo en laboratorio.

Para validar que la experiencia de la simulación es similar a la real, se comprueba en algunos sujetos que su respuesta ante la muestra real es similar a la obtenida en laboratorio.

Por ejemplo, diversos estudios de neuroarquitectura concluyen en que la observación de vegetación, tanto natural como sintética, o incluso sean imágenes de vegetación, tiene el mismo efecto sobre nuestra cognición. Pero por más que algunos estudios lo hayan afirmado, creo que debemos añadir otras variables a la decisión de que las plantas artificiales son equivalentes a las sintéticas. La vegetación -natural- repercute positivamente sobre la calidad del aire, bioclimática, acústica… (en fin, mira mi artículo sobre biofilia).

 

A mi este apartado me genera muchas dudas, y como este es mi blog, las voy a exteriorizar 🙂

Por más que previamente se compruebe que la respuesta en un espacio real y en uno simulado es la misma, ¿se puede extrapolar esa vinculación a todo el estudio? ¿Realmente la exposición a través de unas gafas 3D, junto con estimulaciones del oído, olfato o gusto en un laboratorio pueden ejercer la misma respuesta a una experiencia real e inmersiva con todo nuestro cuerpo? ¿Cómo se incluye, por ejemplo, el efecto térmico de la luz, la sensación del aire sobre la piel, o muchas otras variables que inundan nuestros sentidos sin que nos demos ni cuenta?

Creo que existen decenas de co-variables que influyen en nuestra percepción y tienen un origen no cognitivo. Se trata de variables de origen físico, químico o biológico (como comentaba al principio de este artículo) que generan distintos impactos sobre nuestro sistema nervioso, y también sobre otros sistemas: respiratorio, endocrino, cardiovascular… Por lo tanto, me parece altamente complejo sesgar una causa- efecto cuando hay tantos estímulos que afectan no sólo a nuestra percepción, sino a nuestra fisiología.

Con estos comentarios no pretendo invalidar las neurociencias; sólo cuestiono la universalidad de las conclusiones de este proceso de análisis.

 

¿Existen directrices universales de diseño basadas en las neurociencias?

Los diferentes centros de investigación que analizan neurociencias aplicadas a la arquitectura refutan las hipótesis, pero la mayoría de las conclusiones no pueden ser extrapolables.

En la mayoría de las ocasiones queremos tener fórmulas claras de cómo proceder, que nos den herramientas de aplicación. Pero los resultados de los estudios de neurociencias son parciales. Se pueden llegar a encontrar patrones comunes, pero que no son reglas universales. Por lo tanto, visibilizan algunos patrones de diseño pero habrá que aterrizarlos y adaptarlos a cada caso concreto, integrándolos con otras variables.

 

Aquello que no podemos medir con el método científico, ¿es válido?

El método científico es una herramienta poderosa para investigar y comprender el mundo natural, pero consiedor no puede abarcar todos los aspectos de la experiencia humana. Hay ciertos fenómenos, como las experiencias subjetivas, las cuestiones éticas, las creencias religiosas o las experiencias personales que pueden ser significativas para las personas pero que no se pueden validar fácilmente mediante el método científico.

Cuando medimos la respuesta a la percepción subjetiva, se debe considerar que la carga experiencial previa de cada persona ante esos condicionantes puede ejercer un cambio en su respuesta. También los rasgos culturales, de edad y género…

Y es que… ¿qué pasa con la intuición? ¿O con la capacidad de imaginar? La neurodiversidad precisamente muestra que cada cerebro tiene una estructura de pensamiento distinta, y por lo tanto capacidades de percepción y respuesta diversas.

 

Arte y belleza

El arte es una expresión creativa que puede inspirar, provocar reflexión, transmitir mensajes y conectar a las personas a nivel emocional o intelectual. Es una manifestación fundamental de la creatividad humana que enriquece nuestra vida y desempeñar un papel clave en la sociedad.

La belleza es un concepto subjetivo que se refiere a una percepción placentera y armoniosa que experimentamos al sentir algo estética y cognitivamente agradable. Puede ser visual, auditiva, táctil, olfativa conceptual…

La percepción de la belleza es altamente subjetiva y puede variar de una persona a otra. Lo que uno encuentra bello puede no serlo para otra persona. Además, la belleza puede ser influenciada por factores como la educación, las experiencias personales, los valores culturales y las normas sociales.

¿Podemos medir entonces la belleza y el arte? No tengo las respuestas, pero me parece muy difícil encontrar una evidencia científica ante estos impactos emocionales.

Conclusiones sobre neurociencias y bioarquitectura

Muchas respuestas emocionales y cognitivas puede que no tengan una evidencia, pero creo que no por eso dejan de ser válidas. Esa falta de validación científica no necesariamente invalida automáticamente algunos aspectos de la experiencia humana. Lo que es «válido» o significativo para una persona puede depender de una variedad de factores, incluidos sus valores, cultura, creencia y experiencias personales.

En nuestra cultura arquitectónica hay muchas variables de diseño que sabemos que generan experiencias positivas, y debemos poder reconocerlas y utilizarlas. No porque no se hayan (todavía) evidenciado, significa que sean erróneas.

Me parece destacable resaltar que el método científico tiene sus limitaciones y que existen otras formas de conocimiento y comprensión que pueden ser igualmente importantes en la vida y experiencia humana, así como en el diseño arquitectónico.

Aunque la investigación en este campo está en desarrollo, hay evidencia que sugiere que el diseño consciente puede tener un impacto positivo en la salud y el bienestar de las personas que ocupan esos espacios. Sin embargo, es importante recordar que la percepción de la arquitectura y el entorno construido puede ser subjetiva y depender de factores individuales.

Propongo que estemos atentas a la evidencia resultante de la investigación en neurociencias aplicadas a la arquitectura, pero en paralelo seguir trabajando con los criterios de diseño que culturalmente funcionan.

Cómo puedo ayudarte?

Existen muchas maneras en las que podamos colaborar, puedo crear un asesoramiento o formación a medida.

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