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La historia de la arquitectura es paralela a la evolución tecnológica de los materiales. Durante siglos, la arquitectura ha transformado los materiales que tenía a su alcance de forma ingeniosa para dar respuesta a las necesidades de cada momento. Esta manipulación de la materia, a caballo entre arte y técnica, también es paralela al desarrollo industrial, y en cierta manera social.

En los últimos cien años el sector de la construcción ha avanzado muchísimo: nuevos materiales y sistemas constructivos han facilitado procesos y han conseguido construir de manera más segura y eficaz. Pero el entusiasmo y la velocidad en la aplicación de este progreso ha dejado de lado algunas cuestiones cruciales que ahora evidenciamos y hemos de remediar con urgencia: los impactos medioambientales, tales como emisiones de carbono (operacional y embebido), el consumo de energía, y otras emisiones contaminantes de agua y aire que afectan a la biosfera. Además, también se evidencia una pérdida de prestaciones de habitabilidad, confort y bienestar. Por lo tanto, se avecinan grandes retos englobados dentro del concepto de descarbonización de la arquitectura:

  • Reducción de consumos energéticos. Sabemos que los edificios consumen un 40% del total de energía, provocando un 36% de las emisiones contaminantes de la UE. Por ello, ya hace unos años que desde Europa se impulsan las ayudas de los fondos Next Generation, dirigidas a mejorar las prestaciones energéticas de los edificios y reducir sus consumos. Pero ahora se va a dar una nueva vuelta de tuerca. La reciente aprobación de la nueva EPBD europea, que tiene la meta de descarbonizar el parque construido europeo para el año 2050, va a producir cambios sustanciales en la manera de construir y rehabilitar. Por lo tanto, uno de los grandes focos del sector es la minimización de los gases de efecto invernadero, la implementación de energías renovables y la mejora de la eficiencia energética de los edificios. Estas necesidades no son sólo demandadas en los edificios de viviendas, sino en todos los sectores, incluyendo los edificios y conjuntos industriales.
  • El carbono embebido. El concepto de descarbonización no sólo trata el consumo energético durante la vida útil del edificio, sino que también va asociado al de todo el ciclo de vida de los materiales y componentes de un edificio. Esa parte se denomina carbono embebido: las emisiones derivadas de la extracción, fabricación, transporte, instalación, mantenimiento y eliminación de los materiales de construcción. Estos datos, relacionados con el ciclo de vida de los materiales, contribuyen aproximadamente al 11% de las emisiones mundiales de CO2. Por lo tanto, la descarbonización va a ir asociada a una mayor visibilidad y transparencia de la circularidad de los materiales y componentes de los edificios.

Estos cambios pueden resultar complejos de abordar, pero son altamente necesarios para reducir algunos de los impactos que el sector de la construcción genera sobre el entorno, y por lo tanto, sobre nosotros mismos.

Mi opinión es vivir este cambio con esperanza y entusiasmo de que podemos revertir lo que hasta ahora no hemos hecho del todo bien. Y para tener esa confianza, necesitamos integrar el conocimiento, la información y las herramientas que ya existen para utilizarlas en esta transformación. Sí, significa que muchas de las respuestas ya existen y las podemos aplicar: ¡no hay que empezar de cero!

La bioarquitectura tiene muchas de las respuestas: los materiales y sistemas constructivos empleados en bioconstrucción existen, son viables y solucionan muchas de estas necesidades: materias primas cercanas de origen natural, reducción de huella de transporte, bajo consumo energético en su manipulación, garantía de circularidad al ser reutilizables y reciclables…

Muchos de estas técnicas y materiales han estado poco dignificadas en los últimos tiempos, hecho que afortunadamente se está revertiendo. Los sistemas constructivos “modernos” han eclipsado a técnicas tradicionales o materiales como la tierra, cerámica, la madera o las fibras vegetales. El problema es que muchos agentes del sector no tienen suficiente formación e información de las prestaciones y puestas en obra de estos sistemas, y eso hace que no confíen en ellos o que les den miedo.

Por eso soy una gran defensora de la formación e información, de conocer las propiedades físicas de los materiales y sistemas constructivos, así como del control de todos los sistemas de instalaciones. De esa manera podemos usarlos con seguridad y tranquilidad, optimizando sus ventajas y complementando sus debilidades a través de un diseño constructivo que garantice no sólo la descarbonización del sector, sino que también mejore la habitabilidad, confort y bienestar de las personas.

La semana que viene empezamos una nueva edición del posgrado de Arquitectura Saludable y bioconstrucción, donde veremos muchas de estas técnicas constructivas y aprenderemos a ampliar el imaginario de diseño arquitectónico para tener a arquitectxs y diseñadorxs preparados para los retos que tenemos por delante. Me apasiona ser formadora y vivir las experiencias y descubrimientos del alumnado. En muchas ocasiones se trata de técnicos experimentados, que por diversos motivos necesitan encontrar respuestas coherentes con estas necesidades, y es fascinante acompañarlos en estos descubrimientos. En muchas ocasiones se sorprenden de no conocer determinadas cuestiones o de que nunca nadie les haya hecho visible los impactos del diseño sobre la salud de las personas. Por eso se que la bioarquitectura tiene muchas respuestas…   ¿Me acompañas?

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Existen muchas maneras en las que podamos colaborar, puedo crear un asesoramiento o formación a medida.

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