loader image
Skip to main content

¿Es posible que el diseño de un edificio sea el origen de la aparición de algunas enfermedades? No me gusta nada ser tremendista, pero ¡la respuesta es sí! En el caso del síndrome del edificio enfermo, el caso es clarísimo. La OMS, desde los años ’80, lo define como “el conjunto de molestias ocasionadas por la mala ventilación, la descompensación térmica, las cargas electromagnéticas, las partículas y los vapores de origen químico en suspensión que circulan por determinados edificios en los que vivimos o trabajamos”. Hay una amplísima evidencia científica que relaciona la aparición de diversos síntomas de enfermedad con determinadas tipologías edificatorias.

Los síntomas más frecuentes son relativamente suaves: cansancio, dolor de cabeza, sequedad de ojos, garganta o piel, presión en el pecho, ojos llorosos, nariz taponada, mareos… Los síntomas aparecen y se agravan cuando la persona habita ese espacio, y remiten cuando no está. A priori puede ser indetectable, por eso su carencia de atención y una exposición continuada puede derivar en enfermedades por hipersensibilidad, infecciosas y crónicas.

¿Qué tipo de edificios suelen ser susceptibles de sufrir estas patologías?

Suele darse en edificios altamente tecnificados, donde se dan lugar una combinación de estas variables:

  • Ventilación inadecuada. Los sistemas suelen ser mecánicos, pero en el interior se encuentra insuficiente aire fresco
  • Alta hermeticidad de la envolvente
  • Predominancia de estructuras y materiales metálicos y/o sintéticos (que ayudan al aumento de cargas estáticas)
  • Baja humedad ambiental
  • Posible contaminación microbiológica por insalubridad de los sistemas de ventilación
  • Iluminación natural pobre y artificial deficiente
  • Alta tecnificación con una mala conexión a toma de tierra

Diversas combinaciones de estas variables originan espacios que no sólo no son confortables, sino que acaban afectado el rendimiento, atención y salud de los usuarios.

¿Aparece en edificios antiguos o mal mantenidos?

Resulta que hay edificios de obra nueva que directamente ya nacen enfermos. En otros casos, aparecen las patologías como consecuencia de intervenciones de rehabilitación que empobrecen la calidad del ambiente interior. Por lo tanto, la afectación no depende de si el edificio es viejo o nuevo, sino de cuál es su bioclima interior: cómo se combina el diseño constructivo entre los materiales -especialmente los de acabado superficial- y los sistemas de climatización y ventilación.

Y yo me pregunto: si lo sabemos… ¿cómo es posible que siga ocurriendo? Porque resulta que esta problemática en vez de descender, va en aumento debido principalmente a dos causas:

  • su invisibilidad: a pesar de la gran cantidad de edificios que sufren estas patologías, no es habitual que lo hagan público, por lo que pasa a ser un problema común pero silenciado. Algunos edificios de Barcelona muy representativos, como son la Torre Agbar, la sede de Gas Natural o la guardería municipal El Roure tuvieron la valentía de hacer pública la problemática, mostrando los cambios de diseño y mantenimiento que llevaron a cabo para mejorar la calidad ambiental y evitar el problema. Pero no es lo habitual; en la mayoría de ocasiones los edificios afectados por el síndrome de edificio enfermo proceden de manera interna, incluso exigiendo cláusulas de confidencialidad a las personas que trabajan para resolver estas casuísticas.
  • Las normativas de edificación actuales todavía no recogen los criterios que eviten la aparición de estas patologías, aunque las pautas para evitarlo son sencillas cuando se integran a nivel de diseño. En cambio, es mucho más difícil poner solución una vez que han aparecido.
Estas patologías inicialmente se vinculaban a espacios de oficinas, pero también se dan casos en otros usos, incluso en viviendas.  Algunos de estos parámetros se pueden observar a simple vista, pero otros no son tan evidentes. Por eso se deben analizar de manera específica con la ayuda de un profesional. 

 

En resumen, se hace imprescindible diseñar edificios que evitan la aparición de estos problemas. En muchas ocasiones, reviso proyectos ejecutivos en los que se ve que fácilmente puede aparecer el síndrome de edificio enfermo. En fase de proyecto, incluir un diseño que piensa en la salud de los usuarios es algo relativamente sencillo y no necesariamente debe suponer un incremento de precio. En cambio, un planteamiento que no incluye estas variables genera disconfort, malestar, pérdidas de productividad, infelicidad, enfermedad y además grandes gastos en el mantenimiento del edificio, ya que la implementación de mejoras una vez que el edificio está construido es altamente costoso. Las soluciones existen, pero en ocasiones son complejas, y podrían ser innecesarias si el planteamiento se hubiera previsto desde el diseño.

Por lo tanto, a pesar de que el actual CTE y demás normativas no eviten que esto siga apareciendo, ¡implementemos criterios de diseño que prioricen no sólo la eficiencia, sino también la salud de las personas! Esta cuestión es especialmente imprescindible en diseños pasivos y herméticos, y debería ser una prioridad de salud pública por su gran repercusión, así como a nivel de costes y mantenimiento de los edificios.

Yo te acompaño para que el diseño de tus edificios no sólo sea sostenible, sino que también sea saludable, mejorando la calidad de vida de los ocupantes y evitando la aparición de estas patologías. Si quieres saber más, contáctame!

Cómo puedo ayudarte?

Existen muchas maneras en las que podamos colaborar, puedo crear un asesoramiento o formación a medida.

Suscríbete aquí a mi newsletter.

Una vez al mes te enviaré información interesantísima sobre bioconstrucción y arquitectura saludable!