Las condiciones del entorno son determinantes de salud
El concepto de exposoma se refiere al conjunto de exposiciones ambientales a las que una persona está sometida a lo largo de su vida y cómo estas influyen en su salud. Este enfoque destaca la importancia de factores externos, como las condiciones del entorno en el que vivimos; es decir, el diseño urbano y edificatorio.
Aunque no es posible establecer una relación directa de causa y efecto entre estas exposiciones y la aparición de enfermedades crónicas, sí se ha observado que ciertos estilos de vida y diseños del entorno afectan a las personas y aumentan las posibilidades de padecer estos trastornos.
Por ejemplo, la presencia de plastificantes, bisfenoles, compuestos volátiles y retardantes de llama en el cuerpo humano ha sido documentada en diversos estudios. Estas sustancias, presentes en muchos productos de uso cotidiano, y de manera específica en materiales de construcción, pueden actuar como disruptores endocrinos, interfiriendo en el sistema hormonal y aumentando el riesgo de desarrollar enfermedades como el cáncer.
Hoy os voy a adjuntar algunos de estos estudios que relacionan exposiciones domésticas, derivadas del diseño arquitectónico, con algunas enfermedades degenerativas. Para poneros en antecedentes de qué químicos hablamos, enlazo este artículo en el País que habla de los disruptores endocrinos, entrevistando al Dr. Nicolás Olea. Se explican muchas de estas sustancias y sus efectos sobre la salud.
Algunos viejos conocidos: COVs, asbesto, radón…
El estudio «Networking human biomarker and hazardous chemical elements from building materials: Systematic literature review and in vivo test» analiza la relación entre materiales de construcción y biomarcadores humanos, identificando compuestos químicos peligrosos que pueden afectar la salud. Algunos de estos compuestos han sido asociados con el desarrollo de cáncer. Por ejemplo, el amianto, utilizado en múltiples productos de construcción, es conocido por causar cáncer de pulmón y mesotelioma al inhalar sus fibras. Aunque su uso está prohibido, sigue estando muy presente en el parque construido. Otro caso es el de los compuestos orgánicos volátiles (COVs). Muchos de ellos están declarados carcinógenos y mutágenos, pero siguen estando presentes en las formulaciones de pinturas, barnices, adhesivos, sellantes, aislamientos, mobiliario… También está el gas radón, una emisión radioactiva natural que, acumulada en interiores, está relacionada con la incidencia de cáncer de pulmón.
No estoy diciendo nada nuevo, no es ningún descubrimiento. Pero seguimos rodeados de estas sustancias cancerígenas a pesar del conocimiento que se tiene de ellas.
Plastificantes
La evidencia es rotunda. Sin ir más lejos, enlazo un artículo publicado hace dos días en la revista Nature: «Bioaccumulation of microplastics in decedent human brains.» Confirma lo que hace tiempo que sabemos: que los microplásticos traspasan la barrera hematoencefálica, acumulándose en el cerebro humano, así como la barrera placentaria, traspasándose a la siguiente generación. El estudio afirma que las muestras de cerebro de personas muertas en 2024 tenían un 50% más de fragmentos de plástico que las fallecidas en 2016. Según los autores, esas partículas se han ido acumulando en el cerebro a medida que la producción de plástico se ha disparado en el mundo. La publicación también aporta que los cerebros de pacientes con demencia contenían muchos más microplásticos que los de personas sanas. Pero aún así, dicen, el estudio es demasiado preliminar para sacar conclusiones. Como dice el Dr. Nicolás Olea con sarcasmo, sigamos acumulando para poderlo confirmar 🙁
Él es un investigador que hace años que lo proclama y publica, a través de diversos estudios que relacionan la exposición a plastificantes y cáncer. Como por ejemplo «Bisphenol-A exposure and risk of breast and prostate cancer in the Spanish European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition study»
Otro estudio europeo es «Targeted and suspect screening of plasticizers in house dust to assess cumulative human exposure risk«, que investiga la presencia de plastificantes, como los ftalatos, en el polvo doméstico y evalúa el riesgo acumulativo para la salud humana debido a su exposición. El estudio analiza muestras de polvo doméstico encontrando concentraciones de plastificantes que son ingeridas, inhaladas o expuestas por contacto dérmico, representando una vía significativa de exposición humana a estos compuestos. El estudio no se centra específicamente en la relación entre estos plastificantes y el cáncer, pero sabemos que muchos de ellos están vinculados con efectos disruptores endocrinos, que puede aumentar el riesgo de desarrollar cáncer. Por lo tanto, la presencia de estos compuestos en el polvo doméstico y su exposición humana podrían estar relacionadas con riesgos en la incidencia de esta enfermedad.
Biopersistencia a través de la leche materna
El estudio «Biomonitoring bisphenols, parabens, and benzophenones in breast milk from a human milk bank in Southern Spain» se centró en la detección de disruptores endocrinos en muestras de leche materna de un banco de leche en el sur de España. Los compuestos más frecuentemente encontrados fueron parabenos, bisfenoles y benzofenonas.
El estudio determina que las madres lactantes están expuestas a estos compuestos químicos en su vida cotidiana, explorando factores sociodemográficos, reproductivos y de estilo de vida que podrían estar relacionados con esas concentraciones.
No investigó los entornos físicos en los que viven (el diseño arquitectónico), porque se centro en el uso de consumibles diarios. Pero es plausible que la exposición a través de productos de construcción pueda contribuir a la carga corporal total de estas sustancias en las mujeres embarazadas y lactantes. Es el caso de los ftalatos, que son plastificantes comúnmente utilizados en materiales de construcción y pueden liberar compuestos que se acumulan en el polvo interior, representando una vía significativa de exposición humana.
¿Qué se encuentra en los tumores cerebrales?
Existe una amplia evidencia de presencia de retardantes de llama organobromados en tumores cerebrales, como los gliomas.
Adjunto algunos de esos artículos: «Organophosphorus flame retardants are developmental neurotoxicants in a rat primary brainsphere in vitro model», «Neurotoxicity of Brominated Flame Retardants: (In)direct Effects of Parent and Hydroxylated Polybrominated Diphenyl Ethers on the (Developing) Nervous System», o este otro de un grupo de investigación del CSIC en el que en se encuentran determinados químicos, como retardantes de llama, químicos industriales, químicos vinculados con la alimentación, compuestos perfluorados, plastificantes (parabenos, ftalatos, ), pesticidas, productos farmacéuticos y benzofenonas (filtros UV) en la aparición de tejidos de cerebro tumorales «Tumoral and normal brain tissue extraction protocol for wide-scope screening of organic pollutants»
Conclusiones
Aunque no se puede afirmar con certeza hasta cuál es la incidencia de las sustancias emitidas por los productos de construcción sobre la aparición de enfermedades degenerativas, o en qué proporción forman parte de ese cóctel, la evidencia sugiere una correlación. Por ello, es fundamental promover entornos construidos que minimicen la exposición a estos compuestos químicos.
Puede asustar, pero hay que mirarlo desde un punto de vista positivo: tenemos confirmaciones evidentes de que así no vamos bien, así que optemos por elegir productos de construcción que reducen estas exposiciones.
No es tan difícil. Existen, son viables, son reales… ¿A qué esperamos para usarlas de manera masiva?
