Reflexiones tras el II Congreso de Salud y Medicina Ambiental de la SOCSA
Hoy te voy a explicar mi reflexión personal sobre mi participación en el II Congreso de Salud y Medicina Ambiental, organizado por la Sociedad Catalana de Salud Ambiental (SOCSA) que tuvo lugar el pasado fin de semana en el auditorio del Hospital de Mollet.
Ser parte de la SOCSA para mi es una gran oportunidad. Por un lado, por todo lo que aprendo de biología y medicina de la mano de doctoras (sí, la mayoría son mujeres) especialistas en salud ambiental. Cada vez me interesa más la biología, me permite entender cómo funciona nuestro cuerpo para poder tomar decisiones de diseño arquitectónico que favorezcan nuestra biología, y nuestra vida. Por otro lado, por su calidad humana y empuje. Es cierto que a veces se genera dispersión, y es que la visión de salud ambiental es muy amplia, y organizar un congreso de estas características no es fácil. Pero es ejemplar la gran motivación de la junta y de las personas organizadoras que lo han hecho posible.

Con mis grandes referentes (gran emoción)
También se ha dado un hecho muy insólito y, en cierta manera, inesperado: He podido coincidir, compartir e intercambiar ideas con algunos de los mayores referentes en medicina ambiental.
Para muchas personas sería como cenar en la misma mesa con Madonna, Bruce Springsteen, Freddie Mercury y Michael Jackson. Yo lo he hecho con investigadores a los que admiro y sigo desde hace años: Dr. Nicolás Olea, Dr. Alejandro Úbeda, Dr. Ceferino Maestú y Dr. Joaquim Fernández-Solà. Cada uno es pionero en su ámbito: investigación sobre los efectos de los disruptores endocrinos, impacto biológico de las radiaciones no ionizantes y tratamiento de la sensibilidad química múltiple y síndromes de sensibilización central.
Arquitectura y salud ambiental
Como arquitecta, me fascina acercarme cada vez más a la medicina y la biología. Entender cómo funcionamos me permite trasladar ese conocimiento al diseño arquitectónico, creando espacios que no sólo nos rodean, sino que realmente favorecen nuestra salud. Algunos detalles del congreso que para mi son representativos:
🔍 Lo preocupante: Hay evidencias sólidas sobre determinados daños que el entorno antropogénico genera en nuestra biología. Estos hallazgos, ampliamente conocidos, no están trasladados de manera clara y firme al diseño arquitectónico. Es cierto que tampoco lo están en otros ámbitos, pero yo hablo del sector que me afecta. Es urgente que reaccionemos. No podemos seguir diseñando espacios de vida, tanto urbanos como edificatorios, sin considerar su impacto en nuestra salud y la del planeta. El gran problema que encuentro es que, a pesar de que tenemos herramientas para reducir estos impactos (sí, es posible), la inercia, el miedo y el desconocimiento siguen pesando mucho. Así que toca seguir impulsado ese cambio… no hay otra!
💡 Lo inspirador: Todas las mesas del congreso podrían parecer alejadas de la arquitectura, pero corroboré que no lo están: el exposoma químico, físico y biológico; la contaminación y tratamientos del agua, la mesa de materno-infantil con sus retos para las nuevas generaciones, odontología y estomatología con inflamaciones crónicas y reducción a tóxicos, las enfermedades ambientales emergentes y las nuevas iniciativas intersectoriales de formación e investigación… Todo me reafirmó los estrechos vínculos que existen entre arquitectura y salud, y que cada decisión de diseño influye en nuestro bienestar a niveles profundos y multisistémicos.
También evidencié que necesitamos seguir estrechando lazos multisectoriales para tener una transversalidad real entre profesiones. Aquí en SOCSA es muy evidente. Tanto en la junta como en los miembros de la socidad hay una mayoría de doctoras, pero también biólogas, químicas, ingenieras, arquitectas, medioambientalistas… Hablo en femenino porque la mayor parte de las integrantes de esta sociedad somos mujeres. Es un ejemplo de multidisciplinaridad, imprescindible enfrentar retos de tan amplio abordaje.
Espacios sanitarios sostenibles y saludables
En la mesa que moderé sobre espacios sanitarios sostenibles y saludables, visibilizamos los impactos ambientales del sector sanitario, que van mucho más allá del carbono. Los participantes fueron Miguel Ángel Martínez Sánchez (Director de Sostenibilidad, Seguridad y Salud de la Fundació Sanitaria Mollet), Jordi Pujadas (Environmental and Energy Management. ICS), Almudena Alameda (enfermera profesora de la Universidad Rey Juan Carlos), Dr. Ernest Millán (Jefe de Servicio de Anestesiología del Hospital de Mollet), Dra. Mar Gili (Médico especialista en MFyC clínico, docente UAB y miembro de la junta de SOCSA), y yo como moderadora para ofrecer la visión desde la arquitectura saludable. Algunos puntos resaltables de la mesa:
– Impactos del diseño y construcción de hospitales hasta su mantenimiento y consumibles. Se visibilizaron las emisiones de PFAS que generan los gases perfluorados de inhaladores presurizados o la gran huella de carbono que dejan atrás los gases anestésicos. También los grandes residuos que genera el sector sanitario, ascendiendo 14.000 toneladas anuales de plásticos solo en Catalunya. Se compartieron diversos ejemplos de buenas prácticas que se están llevando a cabo para reducir todos estos contaminantes.
–Necesitamos salir del tunel de carbono para abordar los impactos medioambientales desde una mirada más amplia, que incluya también impactos físicos, químicos y biológicos sobre entorno y sobre nuestra propia salud. Recordemos los conceptos de OneHealth y Salud Planetaria, donde todo está relacionado. Estos impactos ecosistémicos no sólo pueden evaluarse a través de las emisiones de CO2. Este aumento de indicadores propicia la aparición de nuevas soluciones de diseño arquitectónico, que también afecta al propio diseño de espacios sanitarios.
– La accesibilidad universal es clave. No se trata solo de movilidad, sino de crear espacios que no sean barreras para quienes sufren síndromes de sensibilización central (fibromialgia, fatiga crónica, sensibilidad química múltiple, electrosensibilidad…). Para muchas personas vulnerables afectadas por estas enfermedades, un centro sanitario no es un lugar de curación, sino un entorno hostil debido a su toxicidad ambiental. Tanto en la mesa que moderé como en el resto de ponencias del congreso, se resaltó esta necesidad de visibilizar a este colectivo, que está en aumento, y de los grandes impactos del entorno sobre su enfermedad. Los centros sanitarios deberían ser ejemplo de integración de todas estas condiciones.
Últimamente se está trabajando con la humanización de los espacios sanitarios, pero esta perspectiva va más allá: reduciendo emisiones tóxicas (tanto en materiales como en productos de mantenimiento y limpieza), iluminación cronobiológica, reducción de la exposición a radiaciones ionizantes y no ionizantes, controlando la calidad del aire y ambiental…
La mesa concluyó con el reclamo de que la prevención en salud debe integrarse tanto en el diseño de centros de atención sanitaria, como en toda la edificación. Esta inversión supone mejorar la calidad de vida de personas vulnerables, afectadas de síndromes de sensibilización central y otras patologías crónicas y degenerativas, pero también de toda la población. Tenemos mucho por hacer, pero también mucho conocimiento que aplicar desde ya.
¿Y ahora qué?
El post-congreso no es un fin, es un nuevo inicio para marcar otros retos, incluyendo nuevas personas que van integrando (¿quizás tú?). Si quieres formar parte de esta familia de salud ambiental, te esperamos en la SOCSA!
