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El trabajo invisible de los arquitectos

Cuando vemos un edificio terminado, con acabados impecables y una imagen perfecta, rara vez pensamos en todo lo que ha pasado antes de llegar ahí. Se suele creer que la arquitectura es pura inspiración y que los arquitectos nos limitamos a hacer bocetos en servilletas, imaginando formas desde una torre de marfil. Pero la realidad es muy distinta.

El trabajo de una arquitecta es, sobre todo, el arte de ensamblar piezas que de inicio no encajan entre sí. Entre la idea inicial y la construcción final hay que sortear normativas urbanísticas, restricciones técnicas, burocracia interminable, presupuestos ajustados, plazos exigentes y, sobre todo, gestionar personas. No se trata solo de creatividad; es un esfuerzo constante para que todo el engranaje funcione.

Para mí, ahí está el verdadero valor del diseño: en lograr que todas esas fuerzas, a menudo opuestas, confluyan en un proyecto viable, sostenible y saludable.

Sin embargo, todo ese esfuerzo suele quedar en la sombra. Es un trabajo silencioso e invisible, pero que define nuestra profesión y muchas veces también nuestra frustración. Por eso, cuando una obra termina, no me impresionan sólo las fotos o los espacios, sino el hecho de haber llegado hasta ahí tras superar cada obstáculo. Lo mismo me ocurre al ver el trabajo de otros arquitectos: siempre pienso en las dificultades que habrán enfrentado para lograr ese resultado sereno. Porque, detrás de cada obra, grande o pequeña, hay una red compleja de decisiones y gestiones que demuestran que, en arquitectura, no existen proyectos fáciles.

Final de obra en Lloret de Mar

Hoy quiero enseñarte las fotos finales de una vivienda unifamiliar que terminé hace unos meses en Lloret de Mar. Las imágenes solo muestran el resultado, no el proceso, porque eso hay que vivirlo. Y en este caso, he de decir que fue una obra especialmente fácil, gracias a la calidad humana de los promotores y la profesionalidad de todo el equipo que formó parte del proyecto (no es peloteo, es totalmente cierto).

Presupuestos

Los arquitectos no tenemos una calculadora en el lápiz (o, en este caso, en el ratón del ordenador) que nos haga tener el presupuesto real en el momento que estamos diseñando (aunque cada vez las herramientas informáticas permiten más avances y control). Sabemos en qué rangos de precios nos movemos, pero cada decisión influye: cambiar una balconera abatible por una corredera tiene un coste distinto, lo mismo ocurre con los aislamientos, revestimientos o instalaciones. Diseñar no es solo plasmar la voluntad del cliente, sino lograr que encaje con su presupuesto… y, a poder ser, a la primera.

La subida de precios en los últimos años nos ha obligado a ser mucho más precisos con cada decisión. Afortunadamente, en esta obra el presupuesto estuvo bien controlado desde el principio, lo que facilitó mucho el proceso. También ayudó trabajar con House Habitat una constructora especializada en construcción prefabricada en madera, con la que ya había colaborado en otros proyectos (y sin comisiones de por medio, que conste). Conocer su forma de trabajar, los materiales que utilizan (y que ellos sepan lo que yo utilizo 🙂 ) y el hecho de que todo el proceso esté industrializado hizo que todo fluyera con mucha más facilidad.

Tiempo

Otro gran reto: el cliente necesitaba tener la casa lista en una fecha determinada. Pero lograrlo no dependía solo de mí, a pesar de que yo coordinaba todo lo que estuviera en mi mano. Lo que realmente me preocupa no es lo que controlo, sino lo que no depende de mí: la interminable espera para obtener la licencia de obras, las restricciones que impiden trabajar en verano, o que la constructora reserve un tiempo para ejecutar la obra pero, si la licencia se retrasa, ya no tenga disponibilidad cuando llegue el momento. Manejar los tiempos es un equilibrio delicado y complejo.

Cada uno de estos factores supone un desafío único y solo con esfuerzo, creatividad y perseverancia se consigue que un proyecto se haga realidad.

Ahora empezaré con una descripción más convencional de la obra, aunque, sinceramente, en comparación con todo lo anterior… me parece la parte menos interesante 🙂

Características generales de la vivienda

Para la estructura optamos por un entramado ligero de madera, un sistema que aporta ligereza y optimiza el uso de la madera estructural. En su interior, utilizamos aislamientos térmicos naturales, garantizando confort  y la calidad ambiental interior. Los trasdosados interiores se realizaron con placas de cartón yeso certificadas de muy bajas emisiones (aunque nunca se puede decir que sean cero), y los acabados de las paredes se hicieron con pinturas minerales. En el pavimento, elegimos madera en la mayoría de estancias, mientras que en las zonas de aguas optamos por un revestimiento cerámico, más resistente a la humedad.

Gracias a su excelente aislamiento, la casa necesita muy poca energía activa para mantener el confort térmico. La que requiere se genera con una instalación fotovoltaica en la cubierta. Además, el diseño bioclimático fue clave en la eficiencia de la vivienda: la casa se abre hacia el sur, regulando la exposición solar en verano para evitar sobrecalentamientos, mientras que la fachada norte está más protegida. Todas las zonas de vida, como el salón y los dormitorios, se orientan al sur para aprovechar al máximo la luz natural, mientras que los espacios como el garaje y los baños quedan en la fachada norte. Aun así, los baños cuentan con iluminación y ventilación natural, asegurando una sensación de confort y bienestar.

 

Para llevar luz natural al pasillo interior, instalamos una claraboya que baña de luz el amplio recibidor y la zona de distribución, evitando la necesidad de iluminación artificial durante gran parte del día.

 

Un aspecto interesante del proyecto fue la decisión sobre la piscina. Inicialmente, estaba prevista en el diseño, pero aquel verano hubo una sequía extrema, lo que llevó a los clientes a replanteárselo. Finalmente, decidieron no construirla, y creo que fue una gran elección. En el entorno hay muchas piscinas comunitarias y, por supuesto, el mar a poca distancia. Al prescindir de la piscina, el jardín ganó un espacio más versátil que podrán aprovechar como huerto, zona de plantas aromáticas o simplemente como un área libre para disfrutar.

Tengo muy buen recuerdo de este proceso, de esta obra y me encanta el resultado!

 

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